miércoles, 13 de junio de 2012

El Ayarachi




Fotografías (de arriba-abajo)


Por Sirley Ríos Acuña

Más que una danza el Ayarachi es un género musical vinculado en sus orígenes a un rito ancestral en honor a los muertos. De ahí deviene el término que en Aymara es “acompañar a los muertos”. El cronista Bernabé Cobo llamó ayarichic a un siku que se tocaba cuando se acompañaba en procesión a las momias de los incas o alguien de la nobleza.

En Puno se reconocen variedades de Ayarachi. Entre ellos destacan: de Paratía (Lampa), Sandia, Taquile y Amantaní. En estas dos últimas zonas las nuevas generaciones no han continuado con dicha práctica musical. En el Cusco sobresalen los Ayarachi de Chumbivilcas.

Los Ayarachi de Paratía se presentan en la festividad religiosa de la virgen del Carmen (16 de julio) y de la Virgen del Rosario (octubre). Solían tocar con exclusividad para la Santa Cruz de mayo y San Antonio en junio. Los músicos cuando ingresan a la casa del alferado recogen trozos de carne y pedazos de chuño cocidos, los cuales depositan en sus pequeños bolsitos, imitando la actitud de los cóndores.

El siku de Ayarachi o Ayarachi phuco  que mide entre 1 m. y 5 cm. es tocado por conjuntos de 8 a 20 músicos-bailarines llamados también Ayarachi. Dentro de la tropa de Ayarachis se encuentran a los que guían  y a los seguidores o qati. Mayormente los sikus de 6 tubos inician la música.

Los sikus de Paratía reciben el nombre de phuco (sopla). Estos son de tres tamaños  básicos y sonoridades diferentes. El sonido grave se consigue con la mama, el medio con lama y el agudo con wala. A veces se añade un siku más pequeño o suli. 

Los músicos también llevan colgado del hombro un tambor, bombo o aru, el cual tañen  al mismo tiempo que el siku. En Paratía estos membranófonos se hacen de cuero de llama o vicuña  que presenta un bordón de tripa al cual van sujetos unos palitos. Se toca con una baqueta de madera con un extremo esférico adornado de lana de colores.

Los trajes de los músicos varían según la zona. En Paratía resalta el uso de  unos phuru o sombreros con plumas de suri (ñandú). Además, el sombrero se cubre con una serie de adornos de cintas de colores, cuentas de vidrio o espejos. Completan el atuendo el chullo, la chamarra o casaca, el pantalón con botapie, la faja o chumpi, la capa de tela blanca, las chuspas y los calzados de cuero de alpaca sin curtir o chaqes. Los músicos  son acompañados por hombres y mujeres danzantes quienes visten con trajes de fiesta. Así los varones llevan ponchos con diversos motivos decorativos y las mujeres portan una montera bordada cubierta por cintas, una pollera amplia hasta la canilla, una chaqueta o jubonilla, un chuko o velo  a manera de capa, una lliclla sujeta con tupus que a veces son de plata, chuspas y chaqes.

El desplazamiento de los músicos de Paratía se da en doble columna, cada una tocando sikus del tipo ira y arca. Asimismo giran en círculo de derecha a izquierda o viceversa. En cada columna se intercalan los diferentes sikus: mama, lama, wala y suli.


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